13 de marzo de 2017

Segundo Impacto


Me hace gracia cuando la gente dice que busca una pareja que sea atractiva, graciosa y detallista. De esas expectativas irrisorias nacen vuestros fracasos, no de las tres frases mal puestas para resultar ingeniosas del mediocre poeta tuitero de turno.

Y eso cuando no entramos a valorar condicionantes de clase, ya sea económica, cultural o física. Porque hay gente superior a otra gente, y tú sueles creer formar parte de esa élite social o haces lo imposible por alcanzarla y así «prósperar» según tus parámetros. Esto es un hecho empírico, irrefutable e interiorizado por todos en mayor o menor medida. Quien me lo niege o es un hipócrita consigo mismo o tiene adormecida su conciencia lo suficiente para poder vivir como un animal, satisfaciendo sus necesidades primarias sin replantearse la inercia de sus actos.

No conozco a nadie que no se crea mejor que alguien a quien encorsete en un colectivo ajeno al que considera como suyo propio, para así poder despreciar y marcar una distancia emocional con respecto a él, que le permita mostrarse impasible ante sus posibles sufrimientos. Por eso un muerto parisino vale más lágrimas y pensamientos compasivos que un muerto senegalés. Esa superioridad está implícita en la misma creación de un concepto de «ellos», en el odio y el miedo que esto genera, en la materialización de un chivo expiatorio sobre el que canalizar nuestros pecados o frustraciones; es el gérmen de todos los nacionalismos, racismos, machismos y demás ismos.

Pues perdona pero no, no eres especial, todos conformamos parte de la misma masa a ratos contradictoria, a ratos hipócrita y a ratos complaciente.

Volviendo al tema de escoger parejas sentimentales, ¿qué clase de condiciones inverosímiles se supone que exigen a los demás, más propias de un mono de feria que de un individuo tan imperfecto como humano? Esas personas no son una materialización de vuestros deseos, no tienen por qué ser exhibidos como trofeos ante tus contactos, ni tienen que entretenerte con sus chanzas, ni tienen que esforzarse en obtener un incondicional beneplácito tuyo a base de detalles afectivos inmerecidos.

Uno no es ingenioso siempre, ni agradable, ni da sin recibir nada a cambio, uno hace inicialmente todos esos esfuerzos para dar esa buena (e insostenible a largo plazo) impresión a aquella persona a quien pretende gustar por anhelos e inseguridades internas, por necesidad de aceptación y reconocimiento externo, por la promesa de una futura vida juntos, o por tan sólo echar un polvo.

Pero fundamentalmente, el último motivo por que actúa así es por ti. Tú no le importas una mierda como persona, si ni siquiera te conoce aún, interactuas como recipiente cuyos interrogantes rellena a base de especulaciónes, no eres más que un vehículo para alcanzar sus metas de autosatisfacción personal, fácilmente sustituible si se diese el caso.

Así funcionan las relaciones humanas en su inmesa y lustrosa mayoría, y tampoco hay nada de malo en ello, tan sólo os aconsejaría tomar conciencia y dejar de sorprenderos cuando vuestro Manolo deje de ser lo que vosotras creías, o cuando vuestra Petunia resulte no estar a vuestra altura. Porque sois tan culpables como partícipes de ese juego de engaño mutuo en el que os habéis zambullido.

A ver si asumís que hay tantas formas de entender la vida, prioridades y principios éticos (más o menos compatibles con los vuestros, siendo esto casi lo único importante para que una relación tenga futuro) como personas agotando su tiempo a cada segundo que pasa. Y que no se lo hagáis perder a nadie, ya no por ellos, a sabiendas de que la empatía se practica poco en esta sociedad de consumo, sino por vuestro propio tiempo. Que en nada se agota y nunca vuelve atrás. Que como diría Nacho Vegas, esto no es un drama, no...

https://youtu.be/ncBb25Vap0I

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